¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


domingo, 4 de diciembre de 2011

La montaña Mágica

"Y si no existiese el tiempo no podría haber progreso y el mundo no sería más que un cenagal sin vida, un agua pútrida y estancada ¿Que sabría yo de todo eso de no haber sido por ti? Te llamo simplemente tú y no te doy otro nombre porque entonces no sabría como hablarte"

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