¿Dónde nos llevó este río?
¿Este océano de kilómetros perdidos?
¿Esta antesala a la escalera de tu cielo?
¿Cuál es la frontera intangible de las ganas?
¿Cómo derribar los muros de tu piel?
Cae la noche con su manto polvoriento y me pregunto quién te tocará ahora que has decidido olvidarnos, con quién harás bromas, con quién hablarás, a quién cogerás de la mano. Me pregunto quién será la persona que merecerá esa mirada de puñal azul con la que arrebatas la vida de un manotazo. Cómo te despertarás cada noche cuando te asalte una duda y la encierres dentro de tu pecho, apretándola con el recuerdo de un porvenir más límpido.
En cuanto a mí, amanezco en esta cama con la que todavía no he logrado reconciliarme, pues cada recoveco está llena del aire azul que me insuflaba tu boca y ahora es solo un puñado de rabia mendigando un motivo lo suficientemente esclarecedor que me haga entender por qué no pudo ser.
La luz entra, como una mota de polvo resignada a realizar cada madrugada el mismo absurdo recorrido, y muy a su pesar, colorea la persiana de un blanco ensordecedor. Hoy ha salido el sol, pero el recuerdo de tu risa ya no baila para mí.
Cada día paso por aquella esquina y siempre me asalta el mismo pensamiento "cualquier día de desangrará esa calle donde me dabas la vida y nos quitábamos el frío... porque sin tu nombre no tiene sentido que nadie la vuelva a pisar".
Y yo sé que todo sigue igual allí afuera a través de las ciudades, latiendo tu cuerpo tan lejos del mío, sin ningún reparo, pienso que el mundo se ha vuelto loco, que nadie nota el silencio apabullante que llenan las aceras.
Si pudiera pedirte un último favor... te pediría que no permitas que se enfríe el calor que me dejaste acomodado en los huesos...quizá es mi última petición porque jamás perdí la esperanza (ni las ganas) de salir a buscarte y quedarme a vivir en tu corazón.....donde nunca se convoca el milagro.
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