¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


domingo, 27 de febrero de 2011

No sé

Te echo de menos. Llega un punto de desembocadura en que el camino se vuelve en dirección contraria. Da igual que tarde, siempre llega. He perdido el norte y desconozco la matriz del sentimiento que me hace escribir esto. Me froto la línea de las manos porque es el único desvío claro que me aguarda. 
Sobre tu boca se van cayendo las ganas, como un letrero viejo y desamparado. Pero tú sonríes y muda la costumbre antigua. Hace tiempo que no encontramos la palabra completo en el diccionario. Se precipitan las cosas. Me acuerdo de ti. Pienso en ti. Para qué negarmelo. No quiero escribir líneas tristes. No quiero que todo acabe resumido en un poema de esos que hacen llorar. Tu espalda sigue siendo un descosido. Un vestido roto por dentro y hermoso por fuera, aunque a veces palidece sin poder evitarlo. Me pongo a mirarme por dentro y sólo veo vísceras. Pienso en dejarlo todo. Alejarme. No cogerte nunca más el teléfono. No pensar en ti. Reciclarte. Olvidarte. Ignorarte. Desdibujarte. No conozco esa palabra imposible. Errores de cálculo corren por el presente. No se puede recuperar un suspiro. No puedo escribir ahora el sentimiento de lo que fue. Eso nunca vuelve. De repente el semáforo se pone en rojo. La incertidumbre quiere mucho en lugar de querer bien. Conformismo. Rutina. Todo cambia sin ton ni son. Tu sonrisa me hace irme por las ramas. Recuerdo tus manos, cómo olvidarlas, dejando un sueño y mil cristales rotos. Tus ojos. Perdono a tus ojos por ser perfectos y darme siempre portazos. Ventanas de luz, y a pesar de todo tan cerradas. Sigo sin entender de dónde vengo. Cambio. Me vuelvo a quemar. Maldita noria estúpida. No sé comprenderte pero iluminas con luz propia toda esta sala oscura. Deja de incendiarme. Quedan dos mitades destartaladas. Una tiene frío, la otra no y están echando un pulso constantemente.
No vamos a dar clases de educaciones emocionales ni a explicar qué anzuelo atrapó qué. Sé lo que no puedo ser. Como un bolero gris, lloran estas letras. No encuentro el modo de salir. Arrinconar tu recuerdo es cosa de locos. ¿Qué estoy diciendo? ¿Estoy loca? No quiero hacerlo.