¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sin sabor

Nada está más lejos que esa palabra arañada que busqué entre los parajes de tu cama. Perdí los papeles del tiempo y el camino a casa. A medio pulmón me atraviesan tus ojos en los que me hundo para encontrar un sentido, o para perderlo.
Emprendí un viaje al centro de tu pecho, corté una flor verde, anduve por tus cadenas y me di de bruces con tu puerta cerrada. Doblemente ciega, te busqué en los bares, en la luz de una farola solitaria, en los colores de otras manos. Te busqué en los parques, en las aceras. Creí verte cantar en aquel banco. Salté al vacío y me agarré a tallo de tus ramas azules, lucha de espinas entre tu boca y el portazo definitivo. 
Me quedaré en este árbol sin sombra, me perderé en este otoño inacabable, se me agotarán las palabras locas en el fondo de tu vaso.
Sonríes y mengua la vida, y se cae el sol, tan mal sujeto al cielo cuando lo miras. Nadie me dijo que no tendría primaveras pintadas con tu risa, nadie me dijo lo que iba a doler una madrugada.
Por la noche, cuando se duerman los grillos y te bebas una copa de Vodka con la luna, cogerás esa guitarra y te brotarán, como siempre hacen, las heridas mal cosidas a un desvelo. Subirá tu voz al cielo y se dormirán las estrellas. Desde el otro rincón del mundo, cuando enmudezca el cielo que nos mira, miraremos la misma luna, entonces sabré que estás cantando de otros sueños y otros colores y dolerá la vida, porque nunca piensas en mí como yo pienso.



"Fueron años de quiebra
de exilio de la ternura. 
Años de camas rápidas 
y sábanas olvidadas 
a la primera de cambio. 
Ya no recordaba lo que significaba 
querer con las entrañas. 
Pero llegaste tú".

lunes, 27 de septiembre de 2010

Cómo culparle

Cómo culparle si él era como el viento que se despedaza en las montañas. No tenía la culpa de llevar el corazón precintado de amaneceres rotos. No fue más culpa que la del tiempo corrosivo instalándose en sus párpados de plomo azul, siempre condenados a caer. Cómo culparle si siempre fue como la marea, que iba y venía a merced del viento y no pertenecía a nadie ni a nada.






Me enamoré de sus ojos, colocados en su cara como dos fugitivos locos,
De su boca, hecha para sembrar el campo verde.

Me enamoré de su pelo, taza de chocolate caliente que abrasa la garganta del que bebe,
De su nariz, como mirar desde un acantilado con vértigo y respirar luego.

Me enamoré de su cuello, que amenaza la tranquilidad de una cama bien hecha,
De sus pecas que le manchan suavemente, triunfo, bar de ambiente.

Me enamoré de sus manos, tiernas, pequeñas, hechas de luz y fuerza
De sus venas, flujo incesante de calor por donde corre su sangre y mi vida.

Me enamoré de sus brazos, esculpidos en mármol blanco que rugen desde el salón,
De sus hombros, montaña que escalar descalza, confín del mundo.

Me enamoré de su risa, alegre, como una noche de feria,
De su boca, cueva de sueños imposibles, cuerda que me sostiene a la tierra.

Me enamoré de su tripa encarcelada, fortaleza que derribar
espada mortal su ombligo donde me pierdo sin dudarlo.

Me enamoré de sus palabras, que se disparan como un cañón y laten en la revolución, en la forma y en el sentido.
De su respiración agitada que vuela libre.

Me enamoré de sus piernas, luces de cruce para mi camino ciego,
De su mirada, galaxia perdida, aun por explorar.

Me enamoré de sus pasos, huellas mojadas en las calles de Madrid,
De su espalda: tesoro, adjetivo, duda, balanza que mide lo incondicional.

Me enamoré de sus dientes, destello infinito, espejo que refleja la luna creciente.
De su cintura, fuerte debilidad donde soñar amaneceres.

Me enamoré de su respiración en los bares, de su mirada perdida
De su silencio de lija y hierro puro.

Me enamoré de sus manos cuando tallaban mi cara,
De su guitarra seca de versos rotos, que daban vida a la habitación.

Me enamoré de sus sueños que trazaba por mi semblante como un lienzo
De su opinión, martillo estricto que despierta la conciencia de cualquiera.

Me enamoré de su camino a casa: algodón, papel en blanco, miedo, enormidad tirada al suelo.
De su vida, me enamoré de su vida: campo de trigo, barca rota, naufragio sin isla.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Ahora solo nos queda este adiós

Se nos oxidaron las promesas que escupimos en aquel puente. Nos creímos eternos. Eramos ingenuos viendo pasar el tiempo y burlándonos de él. Nos dijimos que sí tantas veces que perdimos el sentido. Ahora solo nos queda este adiós.

"Me emborraché por ti
y todos me contaron
que te vieron triste

No soy capaz de hablar
no cabe en una noche
lo que yo te quise

Las cosas cambian,
la vida mancha
cambiando el color"

Rebeca Jiménez

domingo, 12 de septiembre de 2010

Te irás

La única forma de sondear el abismo que se presenta es ser el propio abismo. Tomar conciencia de su forma y acoplarse a él de la misma forma que el verso se forja en los papeles muertos.
No puedo dar una solución a esto porque se trata del contaminante habitual que es el tiempo. Mancha cada rincón y se adueña de todo. Hace y deshace a su antojo desde la aparente nada.
Echarse la mochila a la espalda y salir a buscar un motivo que se pudre y late en vano. Sé lo que me espera tras la verdad que, sin remedio busca explicaciones y se confunde. Pero al fin y al cabo de ahí nacen los versos.
Tus ojos azules vinieron a alumbrar esta casa vacía como cauces de agua corriente y cuando se fueron me dejaron a oscuras en esta habitación que se prolonga hacia el infinito. Y te echaré de menos. Quizá nadie se imagina cuánto.
No hay nostalgia peor que añorar lo irrepetible. No hay razón que esté dispuesta a entender a cerca de la vida y sus locas decisiones, como fueron tus labios diciéndome adiós sin saberlo. Querer retomar la rutina destartalada, seca y dura en el cajón como una migaja de pan es error humano que exprimimos para aplazar la tristeza depurada y oscura. Lo escribo como lo siento. Como te siento sin tenerte aquí a mi lado.
Cada esquina en la que nos tocamos se está muriendo de frío y palidece sin ti. Sonará exagerado pero me da igual.
No albergo recuerdo mejor que tu cuerpo mirando a través de esa ventana blanca y tú, tan efímero y eterno, enmudeciendo cada recoveco de mí.
No me dejaste ser más que un turista accidental poniendo fecha de caducidad en tu mundo disuelto. Tal vez por lo que nunca me dijiste, ni borracho aquella noche. Por eso me echaste, o por eso me fui aunque me visites todas las noches sin descanso.
Todo el calor que arde y tu has instalado en mi corazón a pico y pala acabará por consumirse y será ceniza que llevar a cuestas. Aferrado camino de quemaduras azules que navegan en mi mente a todas horas.
Tu te irás una mañana, como se va todo, como se va la vida misma. Como se pierden las travesías. Te irás aunque estés sembrando cicatrices de agua. Te irás como viniste aquel diciembre a cubrirlo de primaveras y mis sueños de canciones de sol, espiga y deseo.

Te irás, te irás, te irás, pero mientras tanto me dueles. Estás en mi cabeza dando vueltas y me sube el sonido de tu voz por las paredes, como la altura sometida en los acantilados.
Te irás, tal vez demasiado tarde, tal vez será pronto. Te irás como se mueren los violines en las estaciones. Te irás pero todavía me sigo durmiendo con el recuerdo de tu sonrisa dormida entre mis manos.


jueves, 2 de septiembre de 2010

Hipocresía. El negocio del arte es un sistema de celos

"El negocio del arte es un sistema de celos: el arte contemporáneo surge del desmantelamiento de los conceptos de autenticidad, obras originales y autoría como práctica discursiva compartida por las instituciones del museo y la Historia del Arte. A lo largo del siglo XIX todas estas instituciones aunaron sus esfuerzos para encontrar en la marca, en el certificado del original, la garantía que asegure la propiedad. La deconstrucción de las nociones de autoría y originalidad provocaron así un cisma en el estatuto mercantil del arte, sustrayendo las obras del régimen de la seducción. Desde hace dos siglos está en marcha el aburguesamiento de la codicia... Desde sus inicios, y de acuerdo a este sistema de seducción, el museo de arte ha coexistido con las exposiciones de mercancía. En el siglo XIX son pocas las diferencias entre aquellas estrategias expositivas utilizadas en museos, pasajes comerciales y Exposiciones Universales.  La crítica de arte coquetea con el interés comercial o el favor político, instancias de "transa bursátil", con nulas condiciones de distanciamiento epistemológico-analítico, las que permitirían develar la red de intereses, dependencias conceptuales e institucionales en que se sostienen el sistema de las artes. Por ello la crítica de arte debe ser independiente, no puede operar “dentro” de las Instituciones del Arte. No es función de la crítica difundir, ni menos promover, los programas del Museo, las actividades de la galería ni -menos- del escaparate del arte. El argumento de que se “informa” al público es una excusa para la promoción y propaganda velada; la prensa cultural no puede constituirse en una agencia servil al comercial galerístico".