¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


viernes, 27 de mayo de 2011

Hora de irse

-Pertenecer
o no, 
a tus libros de sorpresa
para leer mejor tus ojos,
es encontrarte
en cada empate
de estos versos de agua
-asustados-

Abróchame el cinturón,
si vienes a ser otra vez
sospechoso de las noches en vela
por las que paso.

Y escribo esto
a las 3 de la mañana
prestándote un poco de mi memoria
para hacer que la piel
que te sobre hoy me la dejes un rato,
-para resucitar-

Este vacío
sin ganas 
haciendo auto-stop en tu costado
no para de gritarme
y está lleno de tus besos,
como un tren
de alta velocidad 
en mis bolsillos.

No aprendí
a cuidar la vida 
ni a negociar con los caprichos
que, tan pasajeros, 
me ofrecías en el asiento de atrás 
del coche.

Sin ti.

Porque nunca aprendo
a ser esa chica 
perenne 
de carreteras secundarias
que saber fingir
muy bien 
la indiferencia.

Nunca volverás
y puede 
que te marches 
aunque siempre
permanezcas,
imperturbable
como este río
-azul-

Ya no enseñaré
tus palabras
orgullosa,
ni las bombas atómicas
que tienes por ojos
y me explotan
en cien cicatrices.


Una tarde gris
es lo que me has dejado:
rastros de un viaje
que hoy no recuerdo
entre tanta pastilla.

Pero alguien 
me está quitando
el tiempo.
Serás tú,
con tus palabras
tan Alvy Singer
trastornando 
un final
complicado.

Tengo que
considerar 
seriamente
tantas cosas
y no acordarme 
jamás
de tu cama 
de riesgos de ocasión.

Ya me he acabado 
la última cerveza


y es hora de irse.



jueves, 26 de mayo de 2011

Demasiado

No te olvido nunca y te olvido siempre
viene el atardecer a sentarse conmigo
y los recuerdos te llaman.
Tú te ríes 
y tu risa bailotea por la habitación
con danzas extrañas.
A duras penas palpita el reloj seco,
en la pared.

En el patio salpican los peces de plata
como quejándose
pero ajenos a todo el bullicio.
En la plaza
el aire delicado se ensucia
en motas de polvo grises
que salen
caprichosamente 
de la ventana.

Vienes del mar y de la playa 
y tus manos de arena
se hacen barro
y se desvanecen.
Te olvido nunca y te olvido siempre,


Séra que otra vez
te echo de menos...








"Te recuerdo siempre, te recuerdo demasiado, es como tener una moneda de oro en la mano y no poder soltarla, pero es que no quiero soltarla. Tengo que pensar en lo feísimo que eres para quererte más, pero ante todo canto con un pensamiento que nos une en las horas oscuras y doradas"


Cartas de Federico García Lorca a Salvador Dalí

domingo, 22 de mayo de 2011

A cada hombre, a cada mujer

Yo canto para alcanzarte 
atravesando todo el azul 
Yo canto para mostrarte que sangro igual que vos 
y está oscuro en esta cárcel 
que soy desde que tengo memoria 
y está ciega mi mirada 
sin tu luz. 
Yo canto para abrazarte 
porque encenderte ya no me basta 
yo canto para librarme 
de las cadenas negras de ideas y palabras 
que trazan una línea en el agua 
dividiendo lo indivisible 
vos y yo...

martes, 3 de mayo de 2011

No vuelvas

Yo sé que volverás pidiendo auxilio
porque siempre has sido un laberinto
y cuando estés ahogado querrás aire fresco
asíque traerás un par de razones cubiertas
y sé que podré entenderte 
porque yo también tengo frío.

Que tu risa cae y me golpea
como tu ropa llena de tristeza
y tus ojos de león herido
que a veces rugen asustados,
es por eso que tus canciones son cerraduras
almacén de ventanas y veranos.

Sé que volverás a llamar a mi puerta
el día que menos me lo espere
porque querrás un alto en tu camino cansado
y los años sucios que tan mal sientan
se habrán apoderado de tus sueños de alquiler.

Sé que tus manos son necesarias
para que yo pueda volar 
pero también me he dado cuenta
de que son nómadas, caminantes sin descanso
que destruyen mi vida poco a poco.

Yo sé que la felicidad es un regalo
fugaz, inadvertido, todavía precintado
que me dieron tus botas al andar conmigo
pero tampoco olvido que se fueron corriendo.

Siempre hay dos partes:
no niegues ser cómplice de una
porque la peor siempre le corresponde
a quien escribe cosas como estas.

Aun cuando me eches de menos,
no vuelvas
porque ya no necesitaré tus ojos paliativos
ni tu piel blanca
ni tu boca de asfalto mojado
tanto como lo necesito ahora.