-Pertenecer
o no,
a tus libros de sorpresa
a tus libros de sorpresa
para leer mejor tus ojos,
es encontrarte
en cada empate
de estos versos de agua
-asustados-
Abróchame el cinturón,
si vienes a ser otra vez
sospechoso de las noches en vela
por las que paso.
Y escribo esto
a las 3 de la mañana
prestándote un poco de mi memoria
para hacer que la piel
que te sobre hoy me la dejes un rato,
-para resucitar-
Este vacío
sin ganas
haciendo auto-stop en tu costado
haciendo auto-stop en tu costado
no para de gritarme
y está lleno de tus besos,
como un tren
de alta velocidad
en mis bolsillos.
en mis bolsillos.
No aprendí
a cuidar la vida
ni a negociar con los caprichos
ni a negociar con los caprichos
que, tan pasajeros,
me ofrecías en el asiento de atrás
del coche.
me ofrecías en el asiento de atrás
del coche.
Sin ti.
Porque nunca aprendo
a ser esa chica
perenne
perenne
de carreteras secundarias
que saber fingir
muy bien
la indiferencia.
Nunca volverás
y puede
que te marches
aunque siempre
permanezcas,
imperturbable
imperturbable
como este río
-azul-
-azul-
Ya no enseñaré
tus palabras
orgullosa,
orgullosa,
ni las bombas atómicas
que tienes por ojos
y me explotan
en cien cicatrices.
y me explotan
en cien cicatrices.
Una tarde gris
es lo que me has dejado:
rastros de un viaje
que hoy no recuerdo
entre tanta pastilla.
Pero alguien
me está quitando
el tiempo.
Serás tú,
con tus palabras
tan Alvy Singer
trastornando
un final
complicado.
Tengo que
considerar
seriamente
tantas cosas
y no acordarme
jamás
de tu cama
de riesgos de ocasión.
Ya me he acabado
la última cerveza
y es hora de irse.
y es hora de irse.
