¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


viernes, 16 de diciembre de 2011

Entonces vienes

Entre la multitud vienes, sigiloso
a veces como un huracán lánguido e inerte
otras como un impredecible compás,
en ocasiones vienes como un destello inusitado, 
hinchado de risa
a veces inusitado, con pasos abatidos
pero siempre tuyo
dueño de esa mirada reflexiva y azul
que es tu propio sol
y a veces mi sombra.

Pero siempre vienes de repente
a salvarme, 
cuando me he perdido
cuando cae la lluvia azul
cuando la ciudad me aprieta el corazón.

A desaguar la rutina
a volverme loca


cuando el grito seco enmudece en mi salón
cuando me extenúa el conformismo y la resignación baila sola
cuando los muebles de la piel desbaratan mi casa
cuando ninguna de las voces que crecen en la plaza es la tuya


cuando no consigo hacerte rabiar
ni puedo escuchar otra canción 
hecha con tus lágrimas de aire, alabanza a lo perdido

cuando me da por perseguir espejos,
por buscarme en cualquiera, o buscarte ¡qué se yo!

Entonces, entonces vienes...





cuando me he perdido




cuando cae la lluvia azul




cuando la ciudad me aprieta el corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario