¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


viernes, 16 de diciembre de 2011

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Porque cada noche me encuentro yendo
al sitio donde por primera vez te vi
a buscar tus ojos para encontrar
un timón con el que sortear
tus mejores tormentas

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