Yo sé que volverás pidiendo auxilio
porque siempre has sido un laberinto
y cuando estés ahogado querrás aire fresco
asíque traerás un par de razones cubiertas
y sé que podré entenderte
porque yo también tengo frío.
Que tu risa cae y me golpea
como tu ropa llena de tristeza
y tus ojos de león herido
que a veces rugen asustados,
es por eso que tus canciones son cerraduras
almacén de ventanas y veranos.
Sé que volverás a llamar a mi puerta
el día que menos me lo espere
porque querrás un alto en tu camino cansado
y los años sucios que tan mal sientan
se habrán apoderado de tus sueños de alquiler.
Sé que tus manos son necesarias
para que yo pueda volar
pero también me he dado cuenta
de que son nómadas, caminantes sin descanso
que destruyen mi vida poco a poco.
Yo sé que la felicidad es un regalo
fugaz, inadvertido, todavía precintado
que me dieron tus botas al andar conmigo
pero tampoco olvido que se fueron corriendo.
Siempre hay dos partes:
no niegues ser cómplice de una
porque la peor siempre le corresponde
a quien escribe cosas como estas.
Aun cuando me eches de menos,
no vuelvas
porque ya no necesitaré tus ojos paliativos
ni tu piel blanca
ni tu boca de asfalto mojado
tanto como lo necesito ahora.
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