¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Solo tengo esto

Tu ropa en mi armario, un callejón sin salida,
los versos que perdió Chile, una chimenea encendida,
una taza de café caliente, un planeta lejano, sala de espera,
zapatos en el todo a cien, una canción, un mar sin olas,
maleta sin ropa, un recuerdo sincero, un beso que nunca se olvida,
una palabra, un bloc de notas lleno de sangre, un diciembre,
una partitura, mi piano roto, la lista de la compra,
un cigarrillo mojado, mis desvíos, un bar de copas,
un par de cartas sin remitente, dos baladas, una noche que se escapa de la cárcel,
un mapa, una mentira, dos ojos malcriados, una melodía,
una cama pendiente, una película en el videoclub, un jarrón de flores,
polvo en los sueños, agua, nubes, demasiada revolución.


Un par de calles donde perderse, o un restaurante, 
una droga, una caricia en el sofá, un perfume, un álbum de fotos,
una conversación, un recreo, un coche, un cartel de oferta,
mi infancia, tu barrio, la línea seis del metro, herida en las rodillas,
el miedo, tu portal en blanco  y negro, cajón para pillarse los dedos,
desván, cajas rotas, el camino hasta tu casa, un reloj sin minutero,
cuentas saldadas, un vodka seco, una bolsa de golosinas, 
un taxi a toda prisa, las luces de neón, un lunes, un martes sin miércoles, 
un trozo de cartón, una hoja, una nana, un viaje, un todavía...
No tengo nada más que darte,
salvo esto y mi canción.

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