¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


martes, 14 de diciembre de 2010

Definitivamente

No te miento si te digo
que me gusta este vaivén
de danzas, de miserias,
y de grietas pestilentes.

Me cansé- dije,
de tardes sin espejos,
de noches de histeria amordazada
de la oscuridad en tus pupilas
por las mañanas,
de ese gallo que anuncia el día
y te echa de la cama.

Pero lo cierto es
que jamás pensé
en huir de tus manos,
hechas de alfileres ingrávidos.

Mataría sin dudarlo,
por tus puños de revolución
que son para mi corazón,
camino, puerto
lugar en que ululan mis esperanzas.

Un tic-tac que no oyes
me resuena en el alma
y se encierra la imagen
de tu cara,
insomne en mis brazos.

Escribo para ti
o si quieres para los cajones,
en silencios poderosos
se tambalean estas letras.

Escribo tal vez
para que nunca muera
el faro de tu mirada
que alumbra mi camino a casa,
que son tus manos,
definitivamente.

"Alguien resentido porque, a lo mejor, sentía en su interior el resquemor que produce saberse piano cerrado, libro sin abrir, césped donde nadie se ha tendido a soñar".

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