¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

De las letras que protestan


De las letras que protestan

Hace años siento que paso por la vida dando vueltas de campana y transito callejones de mala muerte, conversando con la gente que pinta los bancos y llegan cansados de trabajar. Siempre hablamos de temas insustanciales, de prácticas que, al fin y al cabo, conforman la vida frecuente.
La marquesina del autobús tiene tachados los horarios, y la perspectiva de la vida es una piedra que rebasa la conciencia: me recuerda a horario de oficina, a tiempo muerto, a rima seca, a despachos tristes, a vicios, a mentiras piadosas donde duerme la conciencia irónica que olvidamos.

Entonces no conocía tus palabras, ni tu coche, ni tu cama, ni las ganas nadando en la barra de aquel bar.
Las mentiras están ahí, luchan por salir cuando tienen frío. Aunque suene algo absurdo te mentí, me mentí e hice un corte de mangas al olvido. Me abrocho la impaciencia cuando me preguntas qué pasó realmente aquella noche, no tengo para darte más que papeles por un tubo. Lo peor es no sentirme culpable…o tal vez es la balsa que me salvó.
Hace tiempo que me cambio y me doy vueltas. A veces provocamos nuevos destrozos pero son sólo daños colaterales. Hace tiempo, lo confieso, no me produce reparo mirarme al espejo. Nunca pido ayuda cuando se desprometen las propuestas de tus hasta luego congelados. 
En el fondo sé lo que me gusta de mí. He logrado camuflarme en este escándalo, subirme a los trenes equivocados y siempre ando perdida en la estación. Y ni siquiera sé si eso cuenta para algo.
Si no es molestia déjame darte una explicación. A ti, que causas todo esto. Ha pasado el tiempo, pero qué mas da. Admito que las formas no fueron las correctas aunque lo que digo no merezca una medalla. Siento haberte usurpado la alegría descontenta de tu trono de cinismo irrepetido, ya me conoces, siempre digo lo que pienso y aunque te quiero sé que lo único que te mueve es taparte la rutina.
Permíteme que busque, porque tengo derecho, entre el derrape de los duelos, una excusa para sentirme mejor: versos de mala moral, crimen, iniquidad de los que se cansan de crecer y no se comen ni el coco ni nada.
Déjame que me quede un segundo buscando entre estas hojas lo que quiero oír. Todo esto sabe a chicle de antesdeayer, a huelga, a punto y final, a otoño anticipado sin ticket de descambio. 
No sé lo que me digo, patino por la vida vertical del sin sentido, vendo a cualquiera estas letras que protestan en los bolsillos.
Llevo horas escribiéndote un motivo para tirarlo todo por la borda y decirte, que al fin y al cabo, solo quiero estar contigo y tú no te das cuenta.

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