¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


domingo, 3 de julio de 2011

Mar

Yo sé porque los verbos más bonitos
van a bailar en tu cuerpo
y aterrizan despistados
sobre una maleta rebosante de porqués.

No sé donde leí
acerca de lo efímero
pero no lo he comprendido
hasta conocer tus botas
de camino incansable. 


Sólo sé naufragar
porque desde luego
quien dijo que en Madrid no hay mar
nunca conoció tus ojos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario