¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


lunes, 25 de julio de 2011

Podría, pero no.

Podría decir que me gustan tus ojos, que me gustan tus manos, y tu pelo marrón y tu espalda, y tus pecas, y tu forma de sonreír cuando algo te llama la atención. Podría decir que me gusta cómo andas, cómo te haces el despistado y cómo te enfadas cuando no estás de acuerdo con algo. Que me gusta tu nariz y tus lunares, y tu cama y tu calle y tus besos. Podría decir lo que todo el mundo dice y darse por concluido. Podría enumerar y describir al más mínimo detalle cada pequeña característica de cada pormenor que hace que tú seas solamente tú, y no te parezcas a nadie más. Podría hacer todo eso, pero flaquea si tenemos en cuenta otros tantos factores, como que fue en tus ojos dónde aprendí que mirar no es lo mismo que ver, que fue contigo con quién supe el verdadero significado de tener ganas, que en tus manos quise vivir y deshacer la tienda de campaña por una vida entera. Que en tu pelo descubrí mi mejor escondite, por si algún día llegaba la tristeza. Que contigo aprendí a degustar la vida y que cada esquina puede llevar nuestros nombres. Que en tu cama entendí que un sueño no puede superar nunca la realidad de tenerte al lado. A pesar de haber viajado lejos, de haberme perdido por calles extrañas,  no entendí el verdadero significado de la distancia hasta que te tuve a mi lado y supe que jamás podría tenerte. Que fue con tus gestos, con tus maneras, con tu forma de revolotear en las habitaciones, con tu forma de hablar, de indignarte, de mover las manos, de llevar la razón, de discrepar, de arrepentirse, de jugar a exprimir la vida, cuando supe que cualquier lugar sería mi casa si tú estabas a mi lado. El sonido de tu risa que se enciende en las paredes y hace retumbar mi corazón es el único motivo por el que estoy luchando.




Por eso podría recordarte cada día con un par de palabras absurdas a cerca de algo que jamás podré explicar del todo, como hacen los necios. Pero yo decido conservarte en cada parte de mí. Para siempre. Guardado como un recuerdo alegre y triste. Indeleble.

No hay comentarios:

Publicar un comentario