¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


lunes, 13 de junio de 2011

Puedo oler desde aquí la distancia de tus manos
descarrilándose de mí
diciéndome adiós,

Aunque me duele,
ya no te quiero


querer.

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