¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


jueves, 16 de junio de 2011

La vida sigue

Lloverá en tu tejado mañana, cantarán los pájaros de primavera, seguirán jugando los niños en el parque. Todo permanece en los caminos de piedra. Fluirán los ríos con sus lágrimas de agua, estrenarán más obras en el viejo teatro. Sigue riendo la vida, y llorando. Sólo yo me detengo porque te has ido.

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