¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


lunes, 21 de marzo de 2011

Primavera que llega

Así llega la primavera
baja la marea y las hojas secas crujen 
en la acera huele a ritmos rotos,
verdes, secos
y yo camino sola
contigo adentro.


Esta sensacion se me clava en la garganta
cargada de ron y noches de histeria amordazada.
Te echaré de menos, como siempre digo,
como siempre me propongo 
no esperarte a duermevela.
Despierto de este sueño
no hay motivos, ni más besos
ni más tardes en tu coche, 
ni más sexo, ni más bailes
ni tu ropa en el suelo, ni más gestos
ni más nada que merezcan otro intento.

La mitad de esto es tuyo:
flacas, grises, desveladas líneas tristes
igual que un niño, lloran.
Se me llenaba la boca de porqués sin resolver
que no pueden regresar,
no esta vez, no de esta forma
porque el invierno está pasando como un suspiro
como una boina en un parque viejo
como la lejana caricia que ya no logro recordar.

Esto es mi vida últimamente,
una espera continua en el teléfono 
tan amarillo, tan lleno de polvo, tan cubierto de eneros.
Esta soy yo ahora, 
muerta de frío
suficientemente cansada como para espabilar
y darme cuenta. 


Sin embargo
si te diera por llamarme 
cambiarías esta calle,
en otro mundo paralelo
en un pasado arreglado de excusas,
si te diera por venir a buscarme, 
si eso fuera posible,
entonces regresaría.

Mientras tanto salen las flores rojas
un tanto avergonzadas,
entre la maleza.
Eres un recuerdo por estos campos,
tu cuerpo donde se tallan mis veranos,
un presente, una aguja oxidada
un desvelo, un grito, una respuesta, 
una mirada, una voz, un eco, el ladrón
que quiere robarme, una vez más, la primavera.

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