¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


sábado, 26 de marzo de 2011

Para huir de ti

Puedo maldecirte, 
si me apetece
en los bares
o hablar mal de ti
con mis amigos, o excusarte.
También hundir 
los miedos
como siempre,
y emborracharme
por tu risa 
ausente.

Qué mal te sientan
abril y sus noches.
¿Recuerdas lo débil 
que eras, entonces?
Llámame,
que me he mudado de mí
y no me encontrarás 
aquí ni en ningún sitio
de la esfera terrestre.

Si no te necesitase tanto
te hubiese querido mejor,
paradójica contradicción
del que pierde todo.

Ya lo sabes:
la última frase nunca llega
entre las ramas del calor
de algún no precipitado.
Estoy en ello,
aún no ha llegado
el portazo absoluto
pero hoy me voy a perder,
lo he decidido. 


Comienza así, 
con estas letras.
Para huir de ti
o al menos intentarlo.

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