¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


lunes, 7 de marzo de 2011

A. Suárez- BENIJO


Y tengo miedo de encontrarte 
y no aguantar las ganas de tirarte al suelo;
volver a romperte la falda.
Luego tejer un mantel
entre mi boca y su pecho.
Llenar de sal los pliegues de su espalda.
Y nos siguió la marea.
Prendimos fuego al hostal,
me entretuve con la orquesta,
disfrazados de dos más
nos declaramos culpables
de la subida del mar.
Desafinamos canciones.
Se nos prohibía llorar.
Hoy te he vuelto a recordar.
Hoy te he vuelto a recordar.
¿De qué me sirve esperarte
si me entra el sueño y no hay más
que un circo triste y cobarde
que no quiere regresar?
Te veo en cada gaviota
aunque no sepa si hay mar.
Desnúdate que hay tormenta
y llueve por no llorar.
Juré contar nuestra historia,
nunca decir la verdad.
Te llevaste mi memoria.
Juraste no regresar.
Te veo en cada gaviota.
Hoy te he vuelto a recordar.

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