No puedo dar una solución a esto porque se trata del contaminante habitual que es el tiempo. Mancha cada rincón y se adueña de todo. Hace y deshace a su antojo desde la aparente nada.
Echarse la mochila a la espalda y salir a buscar un motivo que se pudre y late en vano. Sé lo que me espera tras la verdad que, sin remedio busca explicaciones y se confunde. Pero al fin y al cabo de ahí nacen los versos.
Tus ojos azules vinieron a alumbrar esta casa vacía como cauces de agua corriente y cuando se fueron me dejaron a oscuras en esta habitación que se prolonga hacia el infinito. Y te echaré de menos. Quizá nadie se imagina cuánto.
No hay nostalgia peor que añorar lo irrepetible. No hay razón que esté dispuesta a entender a cerca de la vida y sus locas decisiones, como fueron tus labios diciéndome adiós sin saberlo. Querer retomar la rutina destartalada, seca y dura en el cajón como una migaja de pan es error humano que exprimimos para aplazar la tristeza depurada y oscura. Lo escribo como lo siento. Como te siento sin tenerte aquí a mi lado.
Cada esquina en la que nos tocamos se está muriendo de frío y palidece sin ti. Sonará exagerado pero me da igual.
No albergo recuerdo mejor que tu cuerpo mirando a través de esa ventana blanca y tú, tan efímero y eterno, enmudeciendo cada recoveco de mí.
No me dejaste ser más que un turista accidental poniendo fecha de caducidad en tu mundo disuelto. Tal vez por lo que nunca me dijiste, ni borracho aquella noche. Por eso me echaste, o por eso me fui aunque me visites todas las noches sin descanso.
Todo el calor que arde y tu has instalado en mi corazón a pico y pala acabará por consumirse y será ceniza que llevar a cuestas. Aferrado camino de quemaduras azules que navegan en mi mente a todas horas.
Tu te irás una mañana, como se va todo, como se va la vida misma. Como se pierden las travesías. Te irás aunque estés sembrando cicatrices de agua. Te irás como viniste aquel diciembre a cubrirlo de primaveras y mis sueños de canciones de sol, espiga y deseo.
Te irás, te irás, te irás, pero mientras tanto me dueles. Estás en mi cabeza dando vueltas y me sube el sonido de tu voz por las paredes, como la altura sometida en los acantilados.
Te irás, tal vez demasiado tarde, tal vez será pronto. Te irás como se mueren los violines en las estaciones. Te irás pero todavía me sigo durmiendo con el recuerdo de tu sonrisa dormida entre mis manos.
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