¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


lunes, 31 de octubre de 2011

Todas las noches

Todas las noches
que llevan tu voz
le escuecen al viento
en su garganta.

Toda las noches
son uñas y piel
alcohol, rodillas 
y colores de misterio.

Tus ojos
son libertad de otros mundos
que pesan
en el centro del cielo.

Y por recordarte
me hago un poco menos yo
para ser tú entera.

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