¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


martes, 26 de octubre de 2010

Te odio

Le quiero. Me encantan sus ojos azules, su pelo, sus manos pequeñas. Me encanta su espalda llena de pecas. La forma en la que pone esa media sonrisa. El sonido de su voz cuando se ríe. Me encanta mirarle cuando cree que no lo hago. Su forma despistada de andar. Me encanta escuchar esas canciones y pensar en él y cómo consigue que me sienta. Lo hace posible todo. Hace esta vida un poco mejor y por un momento, merece la pena luchar.


Le odio. Odio sus dientes torcidos, sus manos pequeñas. Odio su espalda llena de manchas y la forma en la que pone esa maldita sonrisa. Odio su forma de andar y su forma de hablar. Odio cuando se ríe. Odio sus letras estúpidas. Odio escuchar esas canciones y cómo consigue que me sienta. Odio no poder odiarle, ni siquiera un poco.




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