¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


domingo, 3 de octubre de 2010

Versos en tu guitarra

Áspero es el ruido en tu pecho
coronado de espinas
y me está llamando a voces.
Tú me arañas el corazón 
y me dejas el recuerdo abatido.


¿Ves eso que está tirado en el suelo?
es el latido de mis ganas ladrando tu nombre.


Mi pequeña historia es esta,
la de dar pedales a este abrigo de miserias
para regarme con el brillo de la luna, 
tortuosa prisión, níveo autocastigo,
condenados al ostracismo que lleva tu pelo.


Es esta la vida contigo,
la de trasegar con los vientos de poniente
tus besos forjados en fuego
y matar las mañanas,
batallas perdidas en la trinchera de tus manos.


Es esta tu melodía perdida,
doscientos nombres que guarda tu guitarra,
fantasmas en las cuerdas, 
caricias contra el despiste.


Expectante, atento
cuando la oscuridad de pinta
y la música golpea en mis desiertos.
Suena el mimbre de tus letras que son:
espalda arañada, 
resaca en un vaso,
maletas sin ropa,
clavos, guijarros en los bolsillos,
nanas que ya no duermen solas.






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