¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


martes, 9 de noviembre de 2010

Fotografiar es poner sobre la misma línea de mira la cabeza, el ojo y el corazón.

La fotografía es un arte. Por supuesto, a pesar de que algunos ignorantes se empeñan en dejarla por los suelos, pero no les dedicaré ni un segundo ni una frase. La fotografía vino a tiempo para liberar la pintura de toda literatura, de la anécdota, e incluso del tema, dijo Pablo Picasso. Creo que nadie lo podría definir mejor. Crea vida a partir de la nada y puede atribuir la muerte a lo supuestamente eterno. La imaginacíó no muere. Rosa Montero dijo, muy acertadamente en su novela "La Loca de la casa" que no sólo puede vencer a la muerte, sino que también nos cura, nos sana y nos hace ser mejores y más felices.
Es una maner de vivir, de entender el mundo. Es un arte al servicio de los impacientes, de los ambiciosos que buscan plasmar el mundo que les rodea. Y yo, he de decirlo, me siento extremadamente orgullosa de pertencer a este microcosmos que es la fotografía.

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Rgg photography
"Agonía en Pompeya"

Pompeya. Durante las excavaciones, ocasionalmente eran hallados huecos en la ceniza que habían contenido restos humanos. En 1860 el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli sugirió rellenar estos huecos con yeso obteniendo así moldes que mostraban con gran precisión el último momento de la vida de los ciudadanos que no pudieron escapar a la erupción del volcán Vesuvio. En algunos de ellos la expresión de terror es claramente visible. Otros se afanan en tapar su boca o la de sus seres queridos con pañuelos o vestidos tratando de no inhalar los gases tóxicos, y alguno se aferra con fuerza a sus joyas y ahorros. Tampoco falta quien prefirió ahorrarse el tormento quitándose la vida, conservándose su cuerpo junto a pequeñas botellitas que contenían veneno. Los perros guardianes siguen encadenados a las paredes de las casas de sus amos, al igual que los gladiadores del anfiteatro. 

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