¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


sábado, 17 de marzo de 2012

Estarás en algún lugar

Estarás en algún lugar,
bebiéndote el viento
tapando con las manos los eclipses de sol.
No recuerdo aquellos años
ni las camas que se nos fueron de las manos,
pero hoy llegan a la ciudad ahuyentando el silencio.
No te pude ver aunque sé que soñabas
con las luces de escenario
que teñían tus guitarras de calor.

Estarás en algún lugar.
Yo estoy aquí, en lo alto de este otoño
jugando a liquidar las cuentas que dejaste.
Mi vida se ha hecho lienzo de hilos febriles
de acabadas hojas
aun así creo que sé manejarme:
me beso con la rabia del despecho
o como quiera que se llame lo que hace la gente
para olvidar.

Estarás en algún lugar,
ajeno a estas sombras.
Siguen pasando los años, enfermos de frío
clavándose como agujas
pronunciando  incesantemente el discurso interior
que preparó mi alegría.

Tu veredicto es la noche que galopa en mi colchón,
como un veloz antílope hecho de escarcha y de polvo
balbuceando relatos de mala caligrafía
desvaneciéndose en las esquinas
pero conservando el recuerdo límpido, intachable.

Límpido, intachable

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