¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


sábado, 17 de marzo de 2012

Como tú sabes

Si un día rompes a cantar
y te deshaces en el viento
en su descenso llevará consigo rostros de verdad
que rasgarán mi grito.

Porque los fantasmas de las manos
que yo he visto
no son nunca como las tuyas
ni me tocarán igual.

Yo también escuché mil mentiras
y advertí los límites del azar y la furia.
Es posible, tal vez, que seamos así
como la lluvia inconstante,
gotas mudas que exploran desnudos caminos
para precipitarse luego y quebrar.

Yo destrocé también tierras elíseas
triviales ideas por tu señero motivo
sin más empeño que vivir en tu sonrisa
delirante sonrisa, sonrisa de mundo
sedienta y libre, libre sonrisa,
madura, jovial, nocturna.

Pero dime entonces, yo que viví en tu océano
con qué alas quebrar la distancia
que las redes imponen al tiempo lejano
como navegantes inmóviles.

Cuando cae la noche con su cortina de júbilo
es el faro del puerto tus ojos callados
iluminando con su destello inusitado, como una flor de fuego
tus manos ininterrumpidas.

Nada llueve sobre ti
tú eres la lluvia cada día.

Yo,
soy por ti ese pez sombrío
que dormido en tus sílabas, persigue bajas estrellas
como el blanco lecho de un sueño infinito,
que a veces llora y se lamenta, y otras se incorpora
y te celebra como un día de fiesta

Pero este pez siempre está distante
y nada por las banales cosas
dando de sí la tierra en el centro de su pecho.

No hay nadie más que pase así cantando
color del mundo, mundo o río envuelto de otoños
por tus corrientes profundas y amarillas,

no hay nadie más que sepa vivir en mí

como tú sabes.

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