¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


martes, 21 de febrero de 2012

Isla

Compañero del cielo,
hoy igual que ayer
no ha salido el sol en la Isla Negra,
a veces pienso que me llegaré a dormir esperándote.
Ojos de luz, y tan oscuros.

Te confundías con el viento en la Isla
transparente y ágil,
a pesar de todo fue mi culpa:
yo no supe respirarte
y puede que jamás vayas a volver.

Sé que lo mejor de mí siempre ha sido
poder tocarte y darte vueltas
como un cometa alegre,
aunque a veces solo me quedaba
un abismo, un brusco movimiento

Mentiría si dijese que no tengo nada para darte
eso es cosa de necios,
yo tengo todo aquí guardado:
las manos dulces en mi recuerdo
el material extraño que ha forjado tu voz
hasta la primera canción que me hizo volar.


Tengo también tu boca acercándose
con un olor afónico que no es de nadie,
la luz intensa de tu cama
y la imaginación que te hacía quererme,
por un momento.

Divido tu cuerpo en dos porciones:
dos paraísos azules y profundos
porque hace tiempo fuiste mar, yo lo sé
y antes que yo, otros encallaron en tu costa.

Como alzan el vuelo mil gaviotas nacaradas
sobre las playas, y se elevan
es en tu piel blanca
donde juegan los niños con la arena.

Era la noche del fuego
tus manos ardían soñolientas
¿Me echarás de menos?
lo que me aprieta tan fuerte
es el poder quieto del que ha sido enmudecido
por lo que jamás logró.


*La Isla Negra hace referencia a una de las casas del escritor Pablo Neruda en Chile, situada en Isla Negra, región de Valparaíso, que compartía con su esposa, Matilde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario