¡Bienvenidos!

Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando por mi viejo dolor como las yedras. Trepan así por las paredes húmedas. Eres tú el culpable de este juego sangriento.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Tú te acercas. Como un sueño. Podría decirse que es un paraíso. Llevas esa camisa de lino azul de rayas y unos vaqueros. El sol te toca la cara. No me puedo creer que seas tú, otra vez. Sí... Eres tú. Estás a mi lado.  Que vuelva a respirar tu olor de vida. Y como un sol propio, iluminas mi vida de nuevo. Esta vez no voy a dejarte ir. Me lo he prometido.

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